SEMANA SANTA

La Semana Santa, culto y escenificación de la Pasión y Muerte  de Jesús, da lugar a una manifestación religiosa que, junto al nacimiento del Mesías, conforman los dos acontecimientos católicos más significativos de cuantos actos y celebraciones tienen lugar de enero a diciembre; las únicas que, saltando los muros de los bellísimos templos cordobeses, inundan la ciudad y la envuelven con los matices inequívocos de sus evocaciones, gracias a la aparición de las imágenes sagradas fuera de su marco habitual y a una serie de rituales irrepetibles.

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Información General

En esta semana, cada pasaje de los últimos días de la vida de Cristo se abre paso apoyado en la primera vértebra del cuello, sobre la espalda, de los costaleros y, en los últimos años también costaleras, en el escenario único que ofrecen las calles y las gentes de Córdoba, donde se puede asistir a la total transformación de plazas, callejuelas y avenidas. La peculiar estética de la Semana Santa irrumpe en ellas, con toda la belleza de su imaginería, la grandeza de su ornamentación, el halo de fervor de sus cofrades y la magia del arte consumado en la representación humana de lo divino. El resultado final es una mezcla exclusiva de aromas, músicas, saetas y susurros, impregnando paisajes diferentes, que abarcan desde la luminosidad de la mañana al tono incandescente de los cirios bajo la noche, pasando por los claroscuros rojizos del alba y el atardecer cordobés. Todo queda inundado por la perfección de las estremecedoras tallas de Cristo y delicadas imágenes de Vírgenes, sobre la majestuosidad de cada uno de los pasos custodiados por las treinta y cinco Cofradías de Penitencia, con las que la Semana Santa cordobesa se abre al nuevo milenio.

En la mañana del Domingo de Ramos comienzan los recorridos procesionales y no cesarán ya hasta la celebración de la Resurrección de Jesús, ocho días más tarde.

Entre una fecha y otra el esfuerzo y el buen hacer de los cofrades empieza a consumarse, cuando los costaleros cruzan los pórticos de las centenarias iglesias de los barrios de Córdoba, llevando sobre sus cuellos todo el esplendor del paso. En algunas ocasiones puede llegar a pesar hasta tres toneladas, otras, su volumen es tan exacto al de la puerta de salida o entrada del templo que la maniobra exige portarlo de rodillas o en cuclillas; un esfuerzo y habilidad que arranca aplausos de admiración entre los centenares de personas congregadas en torno a ellos.

Esta Semana Mayor de los cofrades anuncia su presencia unos tres meses antes de su celebración. Son los prolegómenos, cuando, nada más concluir las fiestas navideñas, comienza a respirarse un aire de incienso en Córdoba, al abrir sus puertas las nuevas tabernas cofrades. A partir de entonces, la noche podrá sorprender al caminante con la visión de los pasos desnudos de tallas y ornamentos, balanceándose a la voz de un capataz; estará frente al ensayo de los grupos de jóvenes costaleros, o de las muchachas del Campo de la Verdad o Las Palmeras, penitentes también bajo las Vírgenes.

Durante meses, irán repitiendo este recorrido a través de la futura Carrera Oficial, esperando su día grande. Esta imagen, familiar para los cordobeses, la protagonizan tradicionalmente los hermanos más jóvenes de las hermandades, que suelen ser los encargados de llevar a costal los pasos. La influencia de este acontecimiento en la vida cotidiana se expande más allá de las lindes de las hermandades, los talleres de orfebrería y bordados, las exposiciones de objetos sagrados y todo el universo de devoción, trabajo, ilusión y arte que abre la Semana Santa.

Historia

Esta escenificación, tal y como ha transcendido hasta nuestros días, tiene su origen en las marchas procesionales que, a mediados del siglo XVI y XVII, se desarrollaron como plegaria, dando lugar a la mayoría de fiestas y conmemoraciones de santos que aún prevalecen.

Y es que la Semana Santa aglutina, en sí misma y en torno a su celebración, una serie de fenómenos culturales, sociales y religiosos, tremendamente significativos, por su capacidad de despertar sensaciones y sentimientos de diversa índole, puesto que puede hechizar, integrar y/o fundir en sus actos al más fervoroso creyente y al pagano, al nativo y al foráneo, convirtiéndolos en testigos de una perfecta comunión entre lo sacro y lo profano, lo divino y lo humano. A los matices heterodoxos que posee hay que añadir estos grupos, cuyo carácter heterogéneo resulta enormemente atractivo desde el punto de vista sociológico. Aunque, desde sus inicios, se ha mantenido íntimamente unida y regida por la jerarquía católica, su enraizamiento popular y la participación activa de las gentes en la misma, ha propiciado que el acontecimiento no se limite al ámbito exclusivo de los creyentes, arrastrando, de forma progresiva y ascendente, a miles de cordobeses y visitantes que disfrutan y viven plenamente cada uno de los ritos y costumbres crecidos en torno a ella, alcanzando también al mundo de la gastronomía, en el que existen incontables grandes platos elaborados con alimentos “no prohibidos”; todos han ido enriqueciendo notablemente la cocina tradicional cordobesa y, en estas fechas, suelen formar parte del menú de tabernas y restaurantes.

Los establecimientos se suman así a un recorrido que, entre el Domingo y el de Resurrección, va vistiendo a la ciudad de túnicas y cirios, de saetas y mujeres ataviadas con la tradicional mantilla negra que, durante más de cinco horas, recorrerán primero las calles céntricas de sus barrios, para alcanzar después la Carrera Oficial a través de las calles neurálgicas de Córdoba, la plaza de las Tendillas o la Mezquita-Catedral y el entorno. Son el itinerario obligado de todas las Hermandades.

En el corazón de Córdoba, las aceras se convierten en palcos improvisados con largas hileras de sillas, donde la multitud aguarda pacientemente la llegada de cada paso. Pero es en el marco de la Judería y el Casco Antiguo donde la visión de las tallas, por entre el laberinto de calles y monumentos, conforman cuadros tan hermosos como inimaginables. Los seguidores de la Semana Santa cordobesa conocen la belleza que entraña la visión desde ciertos rincones y suelen concentrarse en ellos, incluso horas antes del paso de las cofradías. La Plaza del Potro, el Puente Romano, la Fuenseca o la Iglesia de los Padres De Gracia son los puntos estratégicos del Domingo de Ramos. El Lunes Santo hay que acudir a la entrada de San Lorenzo, al Arco del Portillo, a la Plaza de Capuchinos o a la Puerta de Almodóvar. También la Cuesta del Bailío y San Pablo son lugares muy visitados en el Martes Santo junto con el Realejo, la Plaza de las Beatillas y San Andrés. Las Caballerizas Reales, la Plaza de Capuchinos y las salidas y entradas de San Pedro y San Lorenzo son los lugares recomendados para el Miércoles Santo. La Cuesta de San Cayetano, el Realejo y San Pablo, son, junto a San Francisco y la Plaza del Potro, los sitios idóneos para el Jueves Santo. El regreso a través del Puente Romano, la Plaza de Capuchinos y la Cuesta de Luján conforman los sitios del Viernes Santo. La salida y entrada en Santa Marina es paso obligado del Domingo de Resurrección.

Todos y cada uno de los recorridos que realizan las diferentes Hermandades son publicados anualmente por la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba.

En este manual se incluyen, igualmente, los diferentes pasos que conforman los actos procesionales y los horarios. Repartidos de forma gratuita, están en los establecimientos públicos y privados de la ciudad.

Fecha

La fecha de su celebración, variable, coincide con la llegada o recién estrenada Primavera y depende de las fases lunares, transcurriendo entre los ocho días habidos desde el Domingo de Ramos al de Resurrección, de tal suerte que al paso de los crucificados, en Jueves y Viernes Santo, la noche siempre está iluminada por la luna llena.