CRUCES DE MAYO

Las flores,  presentes en la mayoría de los actos festivos/religiosos, a modo de ofrenda o como elemento decorativo, forman parte de la esencia misma de Córdoba.

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Información General

Con ramilletes de colores se van engalanando cada una de las más de setenta cruces que presidirán, las plazas de los barrios, y otros espacios abiertos de la ciudad, protagonizando unos decorados coloristas, plagados de macetas con claveles, geranios, gitanillas. Delicados mantones de Manila, bordados también con motivos florales, o hechos con papel de seda por asociaciones, peñas, grupos de estudiantes o de vecinos.

En torno a cada Cruz de Mayo se alza siempre un escenario en donde nunca faltan los cada día más atractivos trajes de gitana, el cante, el baile y –para que la fiesta sea completa- las barras provisionales donde se puede alargar la noche festiva, gozando de la extraordinaria cocina cordobesa y los estupendos vinos de la tierra; cuando “ir de cruces” se convierte en emprender una ruta por estos pequeños jardines que, como todo lo efímero, se vive y se siente con intensidad.

 

 

Historia

Si buscamos el origen de estos días festivos encontraremos de nuevo la extrapolación de la fiesta pagana al cristianismo, ya que Mayo era, por excelencia, el mes de las flores, del despertar de los sentidos, y sobre todo, del amor, al que se le rendía culto por esta fecha. En este mes era tradicional plantar un gran árbol que se colocaba, como ofrenda al amor, en las plazas y, a veces, también en las ventanas de las mocitas casaderas. La costumbre, profundamente arraigada en el pueblo, sufrió las alteraciones típicas de la entrada de otra filosofía religiosa que, consciente  de la dificultad de la abolición de la fiesta, introdujo sus propios elementos. De este modo, el culto al amor pagano se transforma en culto a María Santísima, Mayo se convierte en el mes de la Virgen y los árboles engalanados se tornan cruces.

Curiosamente, a pesar del simbolismo de la cruz como instrumento se martirio, alrededor de las que se engalanan en Mayo, todo es alegría y fiesta, ya desde los días previos a su instalación; momentos en los que entre los vecinos, y en siglos pasados, existía la costumbre de salir al campo a recolectar flores y vegetación para la elaboración de las cruces comunes del barrio, y de las que se instalaban, a modo de pequeño altar, en casi todos los hogares. A esta tradición, hoy perdida, también se sumaban otras que contaban con un gran apoyo popular, como la Hermandad de los Gallegos que, cada dos de mayo, partían en procesión desde los arcos de la Plaza de la Corredera, donde tenía instalada su Cruz, hasta San Pedro. El cortejo, acompañado de gaitas, dulzainas y notas musicales de su tierra, regresaba al día siguiente a La Corredera, tras haber celebrado un acto solemne en la Parroquia.

Otra original y entrañable vertiente de esta fiesta –que ha sufrido altibajos y, afortunadamente, vuelve a resurgir-, es la construcción de pequeñas cruces sobre cajas y/o tablas por parte de los niños del barrio que, en reducidos grupos o a dúo, “procesionan” sus altarillos por las calles pidiendo para la Cruz unas monedas, que realmente destinan al consumo de golosinas en el puesto de arropías más cercano.

Actualmente, todo el ambiente festivo que aportan las Cruces en los diferentes barrios de la ciudad se debe, en gran medida, a las asociaciones de vecinos, peñas, hermandades y personas independientes, que se reúnen para compartir las tareas previas y la posterior diversión. Son, en definitiva, esos eternos amantes de la Córdoba más tradicional que hacen posible su calendario festivo.

Auspiciados por el Ayuntamiento de Córdoba, los premios que se otorgan anualmente animan a competir a sus creadores, a la vez que contribuyen a hacer de ellas auténticas obras maestras en calidad y belleza progresivas.

Las Cruces de los antiguos barrios gozan de la más honda tradición, siendo de las más premiadas y populares la de la Plaza del Pozanco, la ya perdida del Huerto Hundido, la de La Cuesta del Bailío o la de La Lagunilla, conformando parte de una larga lista de bellísimas Cruces que, enmarcadas en las plazas más castizas de Córdoba, ofrecen imágenes de espectacular belleza.

Sin embargo, las que apenas han iniciado su andadura al amparo de las recientes urbanizaciones han sabido encontrar también un espacio propio, de modo que, tanto en los rincones más antiguos como entre los bloques de Córdoba más moderna, todas constituyen una muestra admirable de buen gusto y sencillez; del arte de convertir un ramillete de flores en el hermoso decorado que representa la Cruz, elaborada por unos vecinos que, desde la infancia, aprendieron a valorar y gozar en sus plazas de este acontecimiento festivo, acogedor y abierto, digno de ser conocido.

Para no perderse ninguna de ellas, el Área de Festejos del Ayuntamiento de Córdoba distribuye una agenda informativa actualizada con las diferentes ubicaciones. Este consistorio organiza anualmente, desde 1925, un concurso destinado a premiar la belleza y ornamentación de las Cruces, contemplando las bases tres modalidades según la ubicación: Casco Histórico, Zonas Modernas, y las que florecen en Recintos Cerrados. Se les otorgan tres premios y varios accésit en cada modalidad, concedidos por un Jurado experto.

Esto altares efímeros, que se reparten por todo la ciudad y sus barriadas periféricas, están representados cada años en la Cruz de la ciudad, instalada en su plaza principal, Las Tendillas, escenario también en esos días del Certamen de Academias de Baile de Córdoba.

 

Fecha

 

Los pequeños vergeles que la ciudad esconde a intramuros y exhibe en sus calles, están ya fundidos eternamente con su imagen más íntima. En Mayo cobran especial protagonismo, conformando, casi en exclusiva, los elementos primordiales que hacen posible la primera de las celebraciones del mes: Las Cruces, en la primera semana de Mayo.